lunes, 13 de mayo de 2013

Cholitas profesoras causan impacto en Bolivia

Por primera vez, una mujer de pollera es parte del plantel docente de una unidad educativa privada; se trata de Celia Laura, de 35 años, quien enseña la materia de Aymara a los alumnos del colegio San Calixto, de la ciudad de La Paz. La Razón visitó a la yatichiri (maestra en aymara) en su aula.

“Es mi primer empleo. Cuando me llamaron no lo podía creer porque siempre pensé que enseñaría en las escuelas de provincias y no en la ciudad, menos en un colegio como el San Calixto. Después de la alegría, me entró el miedo a que los alumnos me rechacen porque soy de pollera, pero las cosas fueron diferentes”, relató Laura, quien es oriunda de Peñas, ubicado en la provincia Los Andes, de La Paz.

Todo empezó en enero de este año, cuando la maestra vio la convocatoria en un periódico y decidió postular, en su condición de normalista en idioma aymara. La Dirección del establecimiento la eligió porque ella cumplió con los requisitos académicos y humanos, además de vencer a siete educadores más en el examen de competencia, detalló la responsable académica del San Calixto, Jenny Salas.

Clases. Laura acude al colegio los miércoles y viernes para enseñar la lengua andina a los estudiantes de 15 cursos que corresponden a tres grados: quintos y sextos de Primaria, y primeros de Secundaria. El nuevo currículo, que rige desde esta gestión, implementó el aprendizaje de un idioma nativo en los colegios del país, en el caso de La?Paz, se enseña el aymara. En ese marco, algunos establecimientos contrataron a maestros de idiomas y el colegio jesuita eligió a una maestra de pollera.

“Mi primer día ha sido con un curso de primero de Primaria, tenía mucho miedo. La directora me presentó y los estudiantes me aplaudieron, cuando ella se fue, me puse nerviosa, pero después fui desarrollando la clase y noté que los alumnos son muy educados. Entonces, el miedo a que no quisieran pasar clases conmigo, se fue”, añadió.

Cuando este medio visitó a la educadora, pasaba clases con los niños del 5° de Primaria “B”, quienes aprendieron durante los tres primeros meses de clases, a contar del 1 al 1.000, a saludar, los colores, ocupaciones y diferentes palabras en aymara. La clase del día era de diálogos grupales, guiados por una carpeta y un libro.

Kamisaki, wawanakas (buenos días, niños) es lo primero que ella dice al ingresar al aula. Los alumnos le responden al unísono: kamisaki, yatichiri (buenos días maestra). Mauricio Chávez, alumno de este curso, comentó que todos se llevan muy bien con la joven maestra porque es comprensiva y amable. “Nos tiene paciencia, hemos aprendido muchas palabras raras que no habíamos escuchado antes”, acotó.

Alumnos. Valeria Jáuregui y Daniela Alcázar, también estudiantes del paralelo, aseguraron que Laura es una de las maestras más “buenitas” del colegio. “Aprendimos a quererla porque ella nos enseña un idioma nuevo y nos explica una y otra vez, cuando no entendemos”.

La profesora recordó que uno de los aspectos que la sorprendió fue que los niños mostraron bastante predisposición y entusiasmo para aprender el aymara y lo hicieron muy rápido, aunque sí hubo ciertas dificultades en la pronunciación de la “q” y la “k”. “Es una anécdota muy bonita, cuando los escuché por primera vez”.

Aseguró sentirse una persona muy afortunada al encontrar un entorno donde no existe discriminación por la vestimenta de una persona. Además, logró una buena relación con el resto de maestros, quienes la consideran una buena compañera y colega.

“Ella es una maravilla, es una persona igual que nosotras y su relación con el plantel es excelente.?Es buena como compañera, aunque al principio fue un poco tímida, pero ahora la vemos con más confianza”, opinó Susana Paredes, maestra del colegio.

Más sobre la profesora

Formación

Celia Laura estudió en el colegio Franz Tamayo, ubicado en la comunidad de Peñas (provincia Los Andes), posterior a ello ingresó a la Escuela Superior de Formación de Maestros de El Alto y egresó en 2011.

La Razon

sábado, 13 de abril de 2013

Tiendas de Polleras invanden Feria 16 de Julio de El Alto

En las calles estrechas o en las grandes avenidas de El Alto, con un radiante sol o bajo una lluvia torrencial, la feria 16 de Julio nunca pierde su carácter único. Caminando entre sus puestos, se puede encontrar desde una aguja hasta la pieza de un avión de la Segunda Guerra Mundial, pasando por helados de cerveza, sándwich de chorizo o muñecas que sobreviven desde la década de los 80. De ello se enorgullecen los vendedores que, sin querer, han generado una enorme familia de comerciantes.

Son 338 las hectáreas que abarcan casi todo el territorio de El Alto y que convierten a esta feria, la de la avenida 16 de Julio, en la más grande de Bolivia. El fervor mercantil comienza con las primeras luces del día, cuando los comerciantes recogen fardos de mercancía en enormes sacos y los acomodan en sus puestos, mientras se preparan para afrontar una jornada de incesante actividad.

Miles de personas se agolpan por las calles, buscando objetos inimaginables o con la simple curiosidad de encontrar algo que estimule sus sentidos. Quizá una blusa de colores, una lámpara para leer o un sofisticado bolso de cuero. Es el caso de Miriam Fernández, una joven hispano-francesa que vive en La Paz y que ha encontrado en estos bolsos una buena fuente de ingresos. “No sé cómo se me ocurrió, pero me di cuenta de que los bolsos que hay en el mercado de El Alto iban a gustar mucho en mi país”. Y así comenzó a colgar estos productos en páginas de subasta de internet. “Un bolso que en el mercado de El Alto cuesta de 15 a 30 bolivianos, se puede llegar a vender por 150 euros en Francia”. Y es que los productos de estilo “retro” de la feria, en los que poca gente repara, se han convertido en una auténtica revolución en el antiguo continente.

Productos de todo tipo

El titánico mercado se divide en varias secciones, dependiendo de los productos que allí se vendan. Sin embargo, cuando se está inmerso en la enorme encrucijada, resulta difícil orientarse sin perder el rumbo, pues son miles los puestos que se superponen formando estructuras caóticas. El murmullo de los vendedores, las cumbias trasnochadas que salen de las tiendas o los rugidos de los minibuses cercanos, conforman el carácter del mercado, un lugar donde hasta lo imposible se puede encontrar.

Entre los puestos de ropa, frazadas o toallas, se descubren coloridos comedores populares, donde la gente se repone con un suculento charquecán o un pique macho de las fatigas que produce la captura de objetos bajo el intenso sol. El olor de hamburguesas y salchipapas asalta de imprevisto al comprador, en cualquier esquina. Normalmente, las caseras elaboran las ensaladas y las salsas en su casa a primeras horas de la mañana y fríen las salchichas y la carne que acompañan sus platillos según van llegando los clientes.

Teresa Aranda es una de las trabajadoras más madrugadoras de la feria. Con las primeras luces va a recoger los fardos que llegan desde Estados Unidos y los dispone a la entrada del mercado, en su lugar de siempre desde hace más de 15 años. Teresa ofrece peluches de todo color y tamaño, medias de primera y segunda mano y bolsos de cuero, de plástico o de tejidos desconocidos. “El día que más saco, puedo conseguir hasta 1.200 bolivianos, pero los días que vendo menos sólo consigo unos 400”.

Un poco más adelante, cerca de la venta de artilugios para la cocina, está el comercio de Esther Tórrez. Es uno de los preferidos por las niñas, pues allá, entre carros destartalados y helados de frutas, se encuentra una enorme colección de muñecas. “Las hay desde ocho pesos hasta 130, dependiendo de su calidad y su tamaño”. Fuera del comercio, amontonadas, hay cientos de Barbies desnudas, con el cabello alborotado y elásticas piernas. Sin embargo, dentro de la tienda se encuentran las muñecas más elaboradas, dentro de una caja de plástico, con batería, control remoto y las características más innovadoras del mercado. Estas muñecas, como otros objetos del mercado, provienen de Iquique, Chile, y son recogidas por los vendedores en Oruro. “Lo que hacemos nosotras en la fábrica es elaborar los accesorios y los trajes para estas muñecas”, añade Esther.

“Lo que más me gusta de la feria es que conoces a gente de todo tipo”, explica el señor Colque desde el asiento delantero de uno de los minibuses que vende en El Alto. Se le ve satisfecho, rodeado de una veintena de autos de todas las clases. “Éstos vienen de Japón”, dice señalando una larga fila de carros de varios colores. Sin embargo, sabe que el negocio no va del todo bien. “Si hay suerte puedo vender uno o dos al mes, pero normalmente no hay tanta suerte. La crisis afecta a todos”. Eso sí, su cara se ilumina cuando recuerda uno de sus golpes de buena suerte. “Aquella semana vendí tres autos, fue algo increíble dentro de la feria”.

La cosmovisión andina

La feria 16 de Julio es mucho más que comercio. Asomarse a ella es adentrarse en la cosmovisión andina, donde se vive la ritualidad de las actividades comerciales del mundo aymara. Por las calles, es común escuchar el “rebajame, aumentame”, formas centenarias de entrar en este espacio particular y que de ninguna manera se manejan en un supermercado u otros espacios. La feria 16 de Julio es una recreación de los “Colqa” o tambos de la época colonial, que eran una especie de almacenes de alimentos por donde circulaban gran cantidad de productos.

Sin embargo, el verdadero origen de este mercado se remonta a los años 60, cuando las calles que hoy se ven repletas tenían escasos puestos, que casi se podían contar con los dedos de las manos. El auge comenzó más tarde, durante la década de los 80, cuando una fuerte crisis económica asoló el país y hubo un despido general de mineros y empleados públicos. La gente tuvo que buscar sustentos donde se podía. Fue entonces cuando muchos vieron en el mercado una buena forma de salir adelante.

Jaime Argueta era uno de ellos. Trabajó durante 10 años con su mujer en una fábrica de joyería. Cuando ésta cerró comenzaron a vender CD en una de las calles céntricas del mercado. “Con lo que sacamos nos da para ir tirando”, explica Jaime, mientras de fondo suena un bolero. Desde aquellos años son muchos los que, como Jaime, se han adueñado de las calles que, a pesar de las crisis, marchas o bloqueos, nunca ha dejado de crecer. Este mosaico de objetos sin aparente orden forman parte, en realidad, de organizaciones sindicales y de confederaciones de gremialistas de todos los sectores, donde hasta el último de los vendedores de botas usadas es libre de expresar sus quejas y defender los derechos de su oficio.

Todos parecen tener un espacio natural en el rompecabezas que conforma el gran mercado de El Alto. Sin embargo, un denominador común aqueja a la mayoría de los vendedores: el vandalismo y los robos, que hacen que sus ganancias y ventas no sean tan exitosas. A pesar de estos inconvenientes, la feria de El Alto es una de las más importantes fuentes de ingresos de la ciudad, y son muchos los que recurren a ella para buscar objetos perdidos, hacer sus compras cotidianas o inspirarse para un regalo. Por ello, la Dirección de Turismo quiere hacer de esta feria uno de los principales atractivos de El Alto. Con este objetivo se van a habilitar vistosos carteles indicativos e informativos en diversos lugares del mercado, así como los puntos de seguridad policial, para evitar los robos a turistas.

Con estas nuevas ideas, la feria se puede convertir en un punto de encuentro comercial para turistas nacionales y extranjeros. Como fuere, el mercado va a seguir manteniendo su esencia de antaño, donde los códigos propios y los espacios imposibles se mantendrán con el paso de los años, siempre que exista algo que vender.

Flickr César Ángel Zaragoza

miércoles, 10 de abril de 2013

Cholitas cautivan cientos de Turistas

La llegada a La Paz fue dura. Otra vez de madrugada, pasadas las cinco, con fresco mañanero y sin hostal. Yaiza e Ivonne se fueron al hotel donde estaban alojados Javier y Luismi, que iban a pasar un par de días con nosotros. Alberto y yo intentamos en primer lugar ir al sitio que nos había recomendado Víctor en una pequeña libreta que nos dio antes de salir de España. El hostal se llamaba El Carretero, y tenía fama por su buen ambiente. La verdad es que para haber estado un año por Sudamérica, las notas de Víctor no fueron de gran ayuda… pero intentamos tirar de ellas cada vez que podíamos. En más de una ocasión pensamos en quemar la libreta, que no nos avisaba de cosas importantes que hubiera estado bien saber de antemano y sí de chorradas y cosas baladíes. La verdad es que nosotros tampoco fuimos capaces de comprar un libro en Buenos Aires que Víctor nos encargó, pero es que para cuatro días que estuvimos no íbamos a gastar tanto tiempo en enviarle el libro por correo… Se alegrará al saber que por lo menos nos sentimos un poco mal por ello.

No hubo sitio en El Carretero, debía de ser bueno porque estaba completo, así que nos tocó buscarnos otro, que tampoco estaba mal, salvo por el inconveniente de la ducha. Le di la paliza al de recepción con que el agua salía fría, incluso me dejó ducharme en otra habitación. No hubo manera. El agua no iba a salir más caliente, así que nos tocó apretar los dientes y para adelante. Sólo nos quedamos una noche en ese hostal, cerca había otro internacional y nos mudamos a él. Para algo nos habíamos sacado el carnet de ‘hostel internacional’. Esa misma mañana decidimos dar una vuelta por la ciudad, a pesar del reventón que llevábamos encima. Cuando llegas a La Paz, te das cuenta enseguida que estás en una ciudad importante, aunque sólo sea por su fisonomía. El núcleo urbano está asentado entre montañas, cuyas laderas están llenas de casas y de barrios pobres que se iluminan por las noches, causando un efecto muy chulo. Se trata de la capital más alta del mundo, aunque en realidad luego descubriríamos que la capital constitucional de Bolivia es Sucre, y no La Paz, como todo el mundo cree. Es una ciudad en la que cuando no estás subiendo, estás bajando, y el oxígeno llega a cuenta gotas, así que hay que tomárselo con mucha calma e ir regulando esfuerzos como hacen los ciclistas en el Tour de Francia.

Canelones con Paraguay

Prestarán dinero por llamas

El gobierno plantea en el proyecto de Ley de Servicio Financiero que los bancos den préstamos a los pequeños productores del área rural con llamas, cerdos y ovejas como garantía, informó el ministro de Economía, Luis Arce Catacora, en un taller de socialización de la norma a campesinos y colonizadores.

"En la Ley de Servicio Financiero está establecido que ahora nuestras vaquitas, nuestras ovejitas pueden considerarse como garantías; sin que tengamos que dárselo al Banco, nosotros vamos a seguir teniendo nuestras vaquitas en la comunidad alimentándolas", explicó la autoridad gubernamental.

Dijo que los bancos se niegan a prestar dinero a los comunarios porque no son empresarios y al contrario con la nueva normativa se pretende cambiar esto con créditos productivos, financiamiento de desarrollo productivo, servicios financieros rurales, entre otros puntos que los beneficien.

Control social

El viceministro de Pensiones, Mario Guillen, explicó que de acuerdo con la propuesta gubernamental se debe aplicar un control social para que el prestamista cumpla con su deuda, es decir, debe contar con un aval comunitario. Indicó que en la reglamentación de la Ley se verán los tipos de préstamos, plazos, saciones e intereses al que puede acceder el pequeño productor.

"Las mismas organizaciones sociales son las que tienen que hacer el control ¿Por qué? Porque en la medida de que esto funcione todos nos vamos a beneficiar (...) por eso es importante los avales o certificaciones comunitarias (...) el control social es parte importante de este tema de garantías no convencionales", afirmó.

El secretario General de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Julián Jala, dijo que los bancos ponen muchos requisitos para entregar dinero, por lo que indicó que el planteamiento del Ejecutivo aún hay que ver si se cumple en la práctica.

Erbol

viernes, 29 de marzo de 2013

Dulce Rosa: Cholita rockera devela su vida

Hija de Carmen Rosa La Campeona y Gato Montini, hermana de Bismark Junior. Proviene de una familia humilde, nació en Ciudadela Ferroviaria de La Paz. Estudió la primaria en el colegio particular Bolivia, concluyó la secundaria en la unidad educativa Félix Reyes Ortiz cerca a la Plaza Riosiño. Egresó en 2005.

En 2010 se graduó de la carrera de Psicología de la UMSA, también estudió Filosofía en la escuela de maestros Simón Bolívar. Actualmente trabaja como profesora en el colegio Saint Paul.

Pertenece al grupo Mamachas del Ring liderizado por su madre Carmen Rosa. Luchó por primera vez a sus 20 años. Su última presentación fue meses atrás en Viacha, venció a Esqueletor. Quiere pelear, algún día, contra La Parka de México.

A través de la lucha libre conoció Argentina, Perú, Brasil y Chile. Practica Artes Marciales extremas casi todos los días de la semana. Admira a la luchadora Rosa Negra de México por su rudeza y agilidad. Dulce Rosa delira, reventar, la cabeza de la morena luchadora azteca y saborear su sangre.

Sus árbitros favoritos Gato Montini y Rito Sánchez. Locutor preferido Carlos Erick. Resalta a La Raza XL y Ajayu, por su singularidad de la máscara de la whipala y los vivos de aguayo. Admite ser amante de las peleas de su madre Carmen Rosa.

En pocas palabras describe a su personaje como sexy y furiosa. Se siente seducida por las playas de Rio de Janeiro de Brasil y fantasea viajar algún día a Grecia, por la hermosura de su arquitectura. Su filósofo favorito, Renato Descartes, que impulsaba la ideología atea. Su música favorita el rock y metal. Varias veces hizo su ingreso al cuadrilátero en motocicleta vestida de con chaqueta negra, con el objetivo de glorificar a la cholita rockera.

Opinión:

Rey Mysterio: excelente luchador aéreo.
Sin Cara: luchador de primera categoría.
Sexy Star: bella y simpática.

Datos personales:

Nombre real: Lucia Corina Quispe
Nombre de batalla: Dulce Rosa
Estatura: 1.60
Peso: 76 kilos
Edad: 25
Estado civil: Soltera
Bando: ruda
Ideología: atea y no cree en dios
Plato favorito: Picante de lengua
Años en la lucha: Cuatro

Texto y fotos: Alberto Medrano

Fuente: Radio UB y Lucha Libre Boliviana