martes, 26 de enero de 2016

Cholitas quieren conquistar ocho nevados

Como parte del reto de conquistar ocho nevados de más de 6.000 metros sobre el nivel del mar (msnm), 15 mujeres de pollera llegaron el 20 de enero a la cima del nevado Acotango (de 6.070 msnm), ubicado en la provincia Sajama de Oruro.

Eulalio Gonzales, presidente de la Asociación Andina de Promotores de Turismo en Aventura y Montaña (AAPTAM), informó que para esta ocasión se inscribieron 16 mujeres, después de que 11 alcanzaran en diciembre del año pasado el pico del Huayna Potosí (6.088 msnm) en La Paz.

Para esta aventura las condiciones climáticas fueron adversas, debido a que la lluvia y una tormenta de nieve dificultaron que cumplieran los tiempos que se habían programado inicialmente.

Si bien la intención era transportarse en vehículos hasta los 5.700 msnm antes de completar la hazaña, la nieve hizo que solo avanzaran hasta los 4.800, desde donde el grupo de escaladoras debió comenzar la caminata.

“Hemos salido a las tres de la madrugada (del miércoles 20) y ese rato ha empezado a nevar; las condiciones estaban súper malas, pero no ha importado porque nuestra intención era ir sí o sí al Acotango”, señaló Lidia Huayllas, una de las mujeres que completaron la incursión.

“La nieve y la tormenta eran fuertes, pero aun así, con calma, lentamente hemos llegado a la cresta aproximadamente a las seis de la mañana”, confirmó Gonzales.

Con el objetivo de completar la proeza, las mujeres de pollera, acompañadas en su mayoría por sus esposos —quienes son guías de andinismo—, caminaron otras seis horas, para finalmente conquistar la cumbre al mediodía.

De acuerdo con Gonzales, una de las 16 mujeres abandonó la travesía al nevado orureño, afectada por los males de la altura.

Elena Quispe, quien fue una de las cuatro que subieron por primera vez a lo alto de una montaña, resaltó que vivió una experiencia inigualable junto a las otras mujeres de pollera.

“Hacía demasiado frío, había un fuerte ventarrón que casi nos ha querido llevar. Ha sido complicado subir con pollera, pero todo se puede en la vida”, indicó Elena, una muchacha de 20 años que se dedica a preparar la comida para turistas andinistas.

El próximo reto para las cholitas escaladoras es conquistar otras dos cumbres bolivianas que se encuentran a más de 6.000 msnm en solo tres días.

El titular de AAPTAM anunció que para el próximo mes tienen programado arribar a los nevados Parinacota (6.200 msnm) y Pomarapi (6.000 msnm), ambos ubicados en el límite con Chile.

Experiencia única

Más horas

La adversidad climática ocasionó que el ascenso se prolongara por dos horas de caminata.

Testigo

En lo más alto del Acotango, las mujeres anotaron sus nombres en un libro que está en ese lugar.

Esposos

La mayoría de las excursionistas subieron con sus parejas.

La Razón

lunes, 11 de enero de 2016

Cholitas en plena pasarela

Cholitas en plena pasarela, gracias a la invitación de las Joyerías de El Alto y La Paz.




martes, 5 de enero de 2016

Mantas de cholitas promocionan Dakar 2016

Mantas de cholitas promocionan Dakar 2016. La belleza de la mujer de pollera rompe fronteras.




lunes, 4 de enero de 2016

Cholitas escalaron el Huayna Potosí

El 17 de diciembre de 2015, once cholas paceñas, esposas de guías de montaña, llegaron a la cima del nevado Huayna Potosí de 5.130 metros sobre el nivel del mar.


Fuente: AAPTAM


jueves, 31 de diciembre de 2015

Investigación de la Chola y arquitectura boliviana

En la actualidad, vestir el traje tradicional de chola no es solo un indicador de etnicidad, sino también una señal de opulencia. Un traje completo cuesta más de 2.000 bolivianos ($ 900.000).

El Príncipe Alexánder, entre las avenidas Bolivia y Cochabamba, tiene dos salones de fiesta, siete pisos y una cancha de fútbol cubierta en la quinta planta. El edificio, que costó aproximadamente dos millones de dólares, es propiedad del sastre boliviano Alejandro Chino Quispe, quien repite de memoria y sin falsa modestia una historia que le narra a todos los periodistas que lo buscan en la ciudad de El Alto.

Muchos vienen para tratar de entender de qué manera un grupo de indígenas aimaras ha sido capaz de amasar en pocos años fortunas tan grandes como para construir magníficos palacios, como el suyo, que dejan a cualquier visitante sin palabras.

“Soy originario de Achacachi, en la provincia de Omasuyos, en el departamento de La Paz. Empecé como ayudante de sastre a los 14 años y siempre he trabajado junto a mi familia, hasta llegar a ser uno de los modistos más exitosos del país. Visto a funcionarios, embajadores, militares, folcloristas y viajo a menudo a eventos internacionales para representar a Bolivia”, precisa el sastre. Y explica cómo fue la construcción del Príncipe Alexánder.

Desde la terraza del edificio se ve una alfombra de casas de ladrillo color tierra, en la que sobresalen arco iris de edificios con espejos en las ventanas. Esos son los tesoros que esconde la ciudad y que la están convirtiendo en un atractivo turístico de La Paz.

El Alto es una ciudad relativamente nueva. Se edificó hace tres décadas alrededor del aeropuerto internacional que tiene el mismo nombre, por ser la terminal aérea más alta del mundo (ubicada a 4.008 m.s.n.m.), y que presta sus servicios a la capital boliviana, pues se encuentra a solo 14 kilómetros de La Paz.

El Alto es un sitio de asentamiento de indígenas de diferentes zonas rurales del país y junto con la capital conforman el área urbana más poblada del país, con 1’613.457 habitantes, según el censo del 2012.

Pero mientras que La Paz, sede del Gobierno, es una ciudad bulliciosa y llena de encanto, que está haciendo un gran esfuerzo para regular el tráfico, educar a su gente y embellecer su centro histórico, El Alto no es, al menos en apariencia, más que una extensión amorfa de urbe.

El lugar deja en evidencia una incontenible reproducción de edificios bajos y desaliñados y sufre las inclemencias de un tráfico irrespetuoso, en el que un río de carros toca las bocinas incesantemente y donde hombres, mujeres y niños parecen enjambres de hormigas que se mueven en todas direcciones.

El Tiempo