lunes, 28 de febrero de 2011

Los Originarios tras el poder de la comunicación

En el país cada vez son más los comunitarios que incursionan en la televisión, radio u otro medio. se estima que hay cientos de comunicadores indígenas que alzan la voz todos los días para que la sociedad los escuche, los acepte y los conozca. Algunos dicen que se debe aprovechar el momento político.

Texto: Cristian Massud Lozada / Fotos: Hernán Virgo

Los originarios han logrado -en poco tiempo- incursionar en distintos ámbitos y ahora ‘pululan’ alrededor de la comunicación audiovisual.
Para la colectividad indígena la comunicación es sinónimo de ‘edén virgen’ listo para explorar y explotar, porque consideran que a través de este instrumento pueden emitir sus demandas a las autoridades y mostrarse tal como son a la sociedad, a la que consideran ilusa por creer que las 36 nacionalidades en Bolivia están en extinción.
Un comienzo con frutos
El 13 de abril de 1989 el cineasta y documentalista boliviano Iván Sanjinés impulsó el Centro de Formación y Realización Cinematográfica (Cefrec) desde La Paz. A 21 años de su creación, esta sigla ha logrado introducirse en las venas de las distintas organizaciones sociales del país y hoy es un referente en la capacitación de originarios.
En 1996 el Cefrec dio a luz el Plan Nacional Indígena Originario de Comunicación Audiovisual y en 2007 este brazo matriz se convirtió en el Sistema Nacional de Comunicación de los Pueblos Indígenas Originarios Campesinos Interculturales. Se trata de un área que aglutina todas las actividades en los pueblos, pero también es el eje central donde giran los objetivos de la institución.
A partir de las iniciativas que ha venido impulsando el Cefrec, se pudieron obtener buenos resultados. Hoy Bolivia cuenta con la primera televisión indígena (norte de La Paz), la primera película indígena (El grito de la selva) y el primer programa televisivo indígena (Bolivia constituyente).
Como muestra de que las cosas van viento en popa, el 14 de abril de 2010 se creó la Agencia Plurinacional de Comunicación (APC-Bolivia) que comprende más de 40 medios y que desea seguir extendiendo sus brazos hacia todos los rincones del territorio nacional.
Las experiencias han servido para que cientos de indígenas se enamoren de la comunicación y alcen la voz a través de un micrófono o ante la pantalla para dejar bien en claro que también existen.
En 2010 el Cefrec continuó activo e impulsó el Programa de Capacitación Avanzada de Mujeres Indígenas en Comunicación Audiovisual de la región oriental amazónica y del sur de Bolivia, con el apoyo de la Coordinadora Audiovisual Indígena Originaria de Bolivia (CAIB). Esta instancia lanzó la convocatoria sólo para mujeres, porque consideran que ellas son el nuevo potencial -aún dormido- para la comunicación audiovisual. Se seleccionaron a 26 de distintos pueblos del oriente en Santa Cruz, Beni y Tarija.
El curso tuvo varias etapas en 2010 y a finales de ese año cerró con la proyección de los trabajos y con una evaluación general. ¿Qué les dejó esa actividad? Muchas coincidieron en que el aprendizaje es sólo la punta de la lanza para tratar de solucionar los problemas de sus comunidades.
Experiencias de sólo mujeres
Las participantes del taller de comunicación audiovisual tuvieron que dejar su pueblo para pasar las clases en Santa Cruz de la Sierra y en Cochabamba, en algunos casos dejaron a sus familias y en otros se trasladaron con sus hijos.
La responsable de la Agencia plurinacional de comunicación Marlene Rodríguez informó de que las mujeres aprendieron todos los elementos de la producción, como el uso de la cámara, la edición, los guiones, el sonido y la iluminación. “Fue un curso que tuvo sus frutos, porque cada una formó parte de la filmación de un documental”.

Por ejemplo, una de las graduadas, María Leonor Saavedra, oriunda de Santísima Trinidad (provincia Moxos de Beni) contó que quizás llegue a producir un programa de radio que sirva de palestra para sus compatriotas.

Zaida Cabrera -otra participante- nació en la comunidad Río Arriba, a unas tres horas de Comarapa en la provincia Manuel María Caballero de Santa Cruz. Fue secretaria de hacienda de una asociación social de esta zona y -según ella- esta experiencia la llevó a pensar en estrategias para erradicar la corrupción que hay en cada instancia.

Cabrera ahora forma parte de la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (Fsutcb) y aunque no tiene ningún cargo, le preocupa lo que suceda con el futuro de su natal Río Arriba. En el curso se interesó más por especializarse como reportera y productora porque está segura de que desde estos ámbitos podrá dar a conocer la realidad de su pueblo.

María Eugenia Choque es descendiente aimara pero vive en Yucumo. Asegura que la discriminación se campea en el territorio beniano y denuncia que la distribución de los recursos no es equitativa y si lo es ni siquiera se refleja en obras para su pueblo.

Choque es miembro de la Federación de Pequeños Agroecológicos de Yucumo (Fepay) y le interesa el manejo de la cámara. “La comunicación es una herramienta útil para denunciar actos ilícitos que muchas veces se sabe sólo en las comunidades”, asevera.
Mariela Aramayo es de Pueblo Nuevo (provincia Méndez de Tarija) y pertenece a la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia-Bartolina Sisa. Ahora está orgullosa porque no sólo es agricultora sino también comunicadora y le encanta reportar notas, pero todavía le falta trabajar más en edición.

Marina Movo, de San Francisco, una comunidad ubicada a 125 kilómetros de Moxos, afirma que también la comunicación funciona como fiscalizadora de los trabajos de las autoridades.
Natalia Yaqui es nacida en Buenavista, pero vive en Clara Mora (Cotoca). Es de las bartolinas cruceñas e insiste en que a su pueblo le urgen los servicios básicos. “Ni siquiera tenemos una posta de salud cerca. Hay que ir hasta Cotoca para cualquier emergencia”.
Pantalla y micrófono
En Bolivia hay más de 40 radios comunitarias y son cientos las personas originarias que van conociendo cada día la magia de la comunicación. Muchos afirman que hay que aprovechar el momento político por el que atraviesa el país para seguir incursionando en los medios.
Roxana Mallea es una mujer que nació en El Alto y viste pollera, pero baja a La Paz para conducir un sector en el noticiario de Bolivia TV. Tiene 30 años y lleva 12 meses en ese canal. Asegura que es complicado incursionar en la pantalla chica, pero lo que busca es que los televidentes la sigan por su capacidad, no por la pollera, de la que no piensa separarse.
En Santa Cruz, Tomás Candia es locutor desde 1998. Él es nacido en Concepción y estuvo bastante tiempo en la radio La voz de los chiquitanos. Ha decidido hacer una pausa porque se dedica más a respaldar la Agencia Plurinacional de Comunicación. “La radio ha sido una necesidad del movimiento indígena. Estamos para dar la información verdadera. Es un derecho ser comunicador indígena”, subraya.
Desde San Julián, Hugo Valenzuela avala lo que dicen sus compañeros de base. Este potosino, de 26 años, considera a esta región su tierra, pero también un lugar que le permite expresarse, a través de tres programas en la Radio Comunitaria. “Somos una comunidad intercultural. Podría decir que aquí el 70% somos originarios”, reflexiona.
Estos hombres y mujeres decidieron aprender a hablar por micrófono, encender una cámara o escribir un guión, y se han convertido en líderes para que las demandas de sus pueblos olvidados hagan eco en los oídos de las autoridades locales y nacionales.
Una mujer de pollera en TV
Desde hace once años Justa Elena Canaviri Choque incursionó en la televisión y se ha convertido en una de las paceñas más ocurrentes de la pantalla chica boliviana. Con su estilo propio, su lenguaje y la imprescindible pollera, quizás este personaje sea la mayor referencia en el país para hablar de una indígena-mestiza con experiencia.
A sus 48 años, ‘la’ Justa, como se hace llamar, asegura que para ingresar a la TV hay que sudar la gota gorda, más aún si se trata de una mujer de pollera. Recuerda que hizo sus pininos en un proyecto denominado La cancha, que se emitía por Televisión Boliviana (hoy Bolivia TV). Estuvo allí dos años y después saltó a RTP, pero la red PAT la hizo parte de su staff.
Hoy La Justa, su programa, se emite por el canal estatal.
Estudió Trabajo Social y Sociología, pero no concluyó ninguna de las dos carreras, más bien pasó cursos de comunicación, para sumergirse en la TV, su pasión. “Si no haría televisión, fuera enfermera”, dice.
¿Es difícil para una indígena hacer televisión?, le consultamos. “No me considero indígena, soy una chola mestiza español-aimara. Sí es difícil porque hay discriminación. A algunas personas les afecta que sea popular y quizás dirán: ¡Qué hace esa chola gorda ahí! Pero la Justa es justa, y no me voy a ahogar por eso. Que sufran ellos”.
Esta madre soltera con tres hijos insiste en que ya superó la discriminación y que “el primer paso fue dejar de discriminarme a mí misma”. “Hoy critican por todo. Si no me quieren que agarren el control remoto y cambien de canal, pero sé que no lo van a hacer”.
Nació en Miraflores, ahora vive en la zona sur de La Paz, pero no cree que la residencia le haya elevado el ego, sigue siendo la misma: humilde, honesta y sincera. “También he estado en el centro de Santa Cruz, donde dicen que no entran los cholitos, pero no me sentí discriminada”. Culmina diciendo que le duele ver cuando una de ‘sus’ mujeres sufre violencia en el hogar. “La televisión es un arma para solucionar problemas. Si me sacan mi pollera, mis trenzas y mi sombrero, ¿qué queda?, una mujer boliviana”.

Fuente El Deber

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