viernes, 4 de marzo de 2011

Las "cholas" de Bolivia hacen su propia revolución indígena

Cholita indígena.
LA PAZ - Marcela Quispe cautiva miradas cuando agita sus polleras de pliegues multicolores y mueve la cabeza con gracia, para equilibrar su sombrero bombín al compás de una espectacular danza folclórica en la calle. Es la más joven de la comparsa y de su mantilla cuelga un prendedor de plata, mientras que en sus orejas se observan dos enormes pendientes de oro.
Orgullo indígena, lujo y color lucen las bailarinas "cholas".
Alentadas por la promoción de los valores autóctonos que hace el gobierno, ellas iniciaron su propio destape reivindicando su señorío aymara en las calles, en fiestas populares y en las pasarelas, donde lucen vistosos trajes que no escapan al glamour de la moda más refinada.
Hasta no hace mucho, no era bien visto por la conservadora sociedad paceña que una chola ingresara a un hotel de cinco estrellas, aún cuando todavía tienen ingreso restringido a locales exclusivos.
No obstante, hoy son funcionarias, empresarias y hacen sus desfiles de moda en hoteles, asegura la concejal, Rosario Aguilar.
Chola es la expresión común con la que se denomina a las mujeres campesinas de origen indígena, aunque con frecuencia son mestizas, y que se caracterizan por usar ropas que en buena medida imitan a las de las españolas de la época colonial: faldas (polleras) que parecen armadas con miriñaque o almidonadas, mantillas y sombreros de bombín.
Aguilar es la primera chola que llegó al Consejo Municipal de La Paz desde una organización barrial. Otra chola quechua es presidente de la Asamblea Constituyente. Hay varias senadoras, diputadas y alcaldesas. "Antes éramos discriminadas por usar polleras, hasta nuestros hijos sentían vergüenza; ahora no, (ellos) quieren vestir como nosotras", dice.
Esta revolución no se inició con el presidente indígena Evo Morales, sino en los años 90, cuando la política se abrió y los originarios comenzaron a escalar desde las alcaldías. Pero el ascenso del mandatario les dio un nuevo impulso.
"Las mujeres de pollera tenemos el coraje de representar a la chola, de mostrarnos, es una forma de sentir orgullo boliviano", dice Dady Chayra, de 22 años, mientras retoca su traje para participar en el concurso "Cholita paceña". El certamen escoge cada julio a la belleza indígena aymara, pero este año la ganadora fue despojada del título porque el jurado descubrió que utilizó trenzas postizas.
Los organizadores tuvieron que llamar a nueva elección donde las finalistas demostraron destreza en el baile folclórico y dominio del aymara. Nada de traje de baño. En sus pasarelas giran con gracia para mostrar el arco iris de sus polleras y sus enaguas de encajes.
Chayra vende pollos en un mercado, habitualmente usa vestido, pero reserva su traje de chola para las mejores ocasiones.
A las cholas mayores les desagrada que estas jóvenes no usen pollera como ellas, todo el tiempo y las llaman "transformers" en alusión a los automóviles transformados, pero Chayra, que estudia leyes en una universidad pública, asegura que "lo que cuenta es el orgullo de ponerse una pollera".
Las indígenas del campo no visten con la elegancia de las cholas de la ciudad. Aquellas costuran sus trajes rústicos con lana de oveja. Ellas utilizan telas finas según las pautas de la moda internacional, que hábiles comerciantes indígenas traen en fugaces viajes a Japón, Chile, Brasil y Estados Unidos.
No es barato para su economía. Un sombrero puede costar hasta 356 dólares; la pollera, manta y zapatos hasta 171 dólares, sin contar las pendientes de oro y el enorme prendedor que lucen en el pecho y el sombrero, dice Aguilar.
Su pasarela mayor es la fiesta católica de Jesús del Gran Poder que se celebra cada junio. Esta festividad popular folclórica inventada a principios del siglo XX por los mismos indígenas que intentan conquistar el mundo urbano, derrocha colorido y música en la calles de La Paz. Allí las cholas imponen tendencias en la moda, lucen sus mejores galas y poder económico.
El traje es una simbiosis que comenzó en la época colonial pero hoy tiene un innegable toque urbano-mestizo. El sombrero, la pollera, el zapato de estilo torero y la mantilla sevillana fueron traídos por los conquistadores españoles, pero los indígenas agregaron sus diseños y, sobre todo, el gusto de usar joyas de oro como lo hacían los incas en grandes ceremonias.
"Indudablemente estamos viviendo una euforia de la moda indígena", asegura Beatriz Canedo, la diseñadora de alta moda más renombrada de Bolivia. Ella confecciona los trajes del presidente Evo Morales en cortes exclusivos.
Canedo, que vistió a Hillary Clinton y Bárbara Bush, se hizo famosa con sus trajes de lana de alpaca con toques andinos y asegura que desde que viste a Morales las ventas han subido y tiene muchos pedidos del exterior.
Morales no usa corbata, sino un sacón oscuro de lana de alpaca con tejidos usados desde hace casi un siglo. "Esos mismos tejidos que los indígenas usaban en las grandes ceremonias", dice Canedo. También lleva un bordado en hilos dorados de hojas de cebada que en la cultura andina representa a la Pachamama (madre tierra). El mandatario sólo pidió que su traje respete su cultura aymara, la segunda etnia después de la quechua.
Pero el traje de las cholas lleva implícitos otros mensajes. "Marca una posición económica y es un mecanismo de ascenso social", en el competitivo mundo de la ciudad y ante los suyos, asegura el antropólogo Milton Eyzaguirre.
Las copas altas en los sombreros y un mayor número de pliegues en la pollera indica que la persona tiene mejores ingresos.
Para Eyzaguirre el que las jóvenes usen en ocasiones la pollera y en otras el vestido o el jean muestra la flexibilidad de las jóvenes para moverse en su propia cultura y en el mundo de la ciudad. Pero en algún momento tendrán que definirse y eso ocurre generalmente con el matrimonio.
Este año el turquesa y el celeste son los colores de moda, asegura Zulma (no da su apellido), una joven que vende trajes de chola en un popular barrio. La demanda ha subido entre las jóvenes, asegura. Ella promociona por internet sus trajes en Perú y Argentina donde también tienen alta demanda.

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