lunes, 7 de noviembre de 2011

Cholitas, cantantes y famosas: Polleras para la fama y la vida

Bellas Cholitas cantando.
Las Chismositas sueñan llegar muy lejos. Primero actuaron en pequeñas fiestas de pueblo, luego en salones bailables de la ciudad y varios departamentos del país, y pronto esperan hacerlo en escenarios de Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Argentina, España y Estados Unidos.

Aunque son cuatro niñas de entre 7 a 10 años, Elieth Peña, Daeli Escóbar, Lizbeth Choque y Daniela Balanza están seguras que, con la pollera y las trenzas que visten para interpretar la cumbia huayño o la cumbia zapateado, pueden llegar alto, así como las decenas de jovencitas que ya alcanzaron la fama nacional e internacional.

El huayño cumbia, una fusión entre el huayño peruano, boliviano y variados tipos de cumbia como la villera argentina, es un fenómeno musical que ha cobrado fuerza desde el 2006, cuando en Potosí aparecieron Las Conquistadoras. Fue un grupo de jovencitas que, vistiendo polleras, peinando trenzas y zapateando al son del charango, conquistó a miles de fanáticos.

No han pasado ni cinco años de eso y hoy existen más de 300 grupos de “cholitas” acompañadas de jóvenes galanes que interpretan los instrumentos, todos viviendo de la música y disfrutando de la fama.

Esa fama es la que quieren Las Chismositas, uno de los pocos grupos infantiles de huayño cumbia del país. A su corta edad, las noveles cantantes y bailarinas dicen sentirse orgullosas de vestir polleras, aunque sólo las llevan para subir al escenario.

Ellas, pero en particular sus padres, saben que la pollera y el pegajoso ritmo del huayño cumbia pueden cambiarles la vida. No es para menos. A cuatro meses de haber lanzado su primer disco con canciones recopiladas, los contratos son mayores y el costo por actuación ya subió de Bs 1.500 a 2.000.

Las Chismositas y Los Pingüinos del Huayño, jóvenes que las acompañan con instrumentos, sólo son principiantes. El verdadero estrellato ya lo tienen Las Consentidas, Las Sabrositas, Las Carilindas, Las Únicas, Las Sureñas, Las Princelindas, Las Convencidas, Las Traicioneras del Amor, Las Vanidosas, entre muchas otras agrupaciones que han proliferado, principalmente en Cochabamba.

Según la Asociación Departamental de Músicos, en Cochabamba, aunque no sea la cuna del movimiento musical, existen más de 250 agrupaciones de huayño cumbia o cumbia zapateado. Le siguen Oruro, Potosí y La Paz, donde se estima que en cada uno hay un promedio de entre 10 a 15 conjuntos.

Talento de exportación


El éxito que alcanzaron los grupos, formados principalmente por jóvenes -mujeres y varones- de entre 15 y 25 años, hoy les permite cobrar entre 500 a 800 dólares la actuación en locales bailables como Los Ex-Duraznitos, Las Primaveras, Los Molles, entre otros de Cochabamba.

“El precio sube un poquito más si vamos a actuar a otros departamentos”, indica Julián Rodríguez, director de Las Consentidas y Los Solitarios del Amor, una agrupación que ha comenzado a exportar su talento a Argentina, Brasil, Chile y Perú.

Rodríguez precisa que cobra Bs 6 mil por actuación en el interior del país, mientras que, fuera de las fronteras, el recital llega a 1.500 dólares, “aparte de los viáticos, pasajes y hotel”.

Las Sabrositas y Los Coquetos del Huayño es otra de las agrupaciones que encontró en la interpretación del “huayño sabrosito” -un estilo propio creado por el director, compositor y tecladista del grupo, Beimar Aguilar- una fuente de ingresos y despliegue de creatividad.

En sus tres años de trayectoria, Las Sabrositas son las que más cobran y más contratos tienen no sólo en la ciudad o las provincias de la Llajta, sino en otros departamentos y fuera del país.

Aguilar revela que el show de Las Sabrositas cuesta 3 mil dólares en el exterior, mientras que en el país éste puede llegar hasta los mil dólares, “todo depende del lugar”.
Con su ritmo y coreografía, en la que destacan movimientos sensuales y coquetos, Stefany Aguilar (primera voz), Jeaneth Sandóval, Gaby Almendras y María Luisa Delgado (coristas y cuerpo de baile) han conquistado al público argentino, peruano, brasileño y chileno. Pronto esperan también cosechar aplausos en Quito (Ecuador), Virginia (Estados Unidos), Barcelona y Madrid (España), donde tienen comprometidas varias actuaciones para los primeros meses de 2012.

Así como ellas, Las Únicas, conformada por Pamela Magnani y Alicia García, se jactan de haber actuado por ejemplo en el Fantástico Bailable, uno de los salones de fiesta más famosos de Buenos Aires, en cuyo escenario actuaron 18 Kilates, Ángela Leyva y Daniel Agostini, entre muchos otros reconocidos artistas.

Vivir para y de la música


Tanto las cantantes como los intérpretes de varias agrupaciones de huayño cumbia y huayño zapateado admiten que esta música les da para la subsistencia y llevar una vida relativamente cómoda.

Stefany Aguilar, la estrella de Las Sabrositas y el director del grupo, su hermano Beimar, han contribuido enormemente a la economía de su familia. Aguilar asegura que, gracias a la fama y al dinero conseguido, han podido construir su casa y llevar una vida mejor.

“En principio el sueño no era triunfar sino generar economía”, dice Beimar al agradecer “a Dios” por tanta suerte, ya que al mes que lanzaron al mercado su primer disco, hace tres años, los contratos “se dispararon”.

Cuenta que la demanda es tal que su agenda la tiene copada hasta enero del próximo año. Las actuaciones van desde viernes hasta el lunes. “Hoy podemos estar en Los Molles de Cochabamba y mañana en un escenario de Iquique o Antofagasta (Chile)”, agrega.

Lo mismo ocurre con las otras jovencitas, que han encontrado en la interpretación del huayño cumbia y en vestir polleras y peinar trenzas sólo para el escenario, una verdadera mina de oro.

Beimar señala que un 90 por ciento de las intérpretes, que en su mayoría cursan todavía el colegio y un reducido número la universidad o realizan trabajos independientes, son jovencitas que no tienen como atuendo diario la pollera y las trenzas, aunque tienen familiares que sí visten.

Stefany, la más popular de las intérpretes, toma una de las decenas de polleras brillosas y de colores llamativos que tiene sólo para ir a una presentación. De lunes a viernes, es una joven común y corriente, que luce un clásico jean, una polera y el pelo suelto, “nada de trenzas”.

Movimiento cadencioso de las Cholitas.
A diferencia de Stefany, María Luz Moya, la primera voz de Las Consentidas, retomó la pollera -su “atuendo original”- después de haberla dejado por un tiempo por “temor a ser discriminada en la universidad”.

“Soy feliz de llevar la pollera, porque así como soy me aceptan y me aplauden cuando subo al escenario”, dice Moya, una joven comunicadora graduada en la Universidad Católica Boliviana, que para actuar no duda en calzar unos puntiagudos y altos tacones para ejecutar el ruidoso zapateo.

En este movimiento, las mujeres son importantes. Ellas cantan, mueven las caderas y la cintura, y zapatean al son del contagioso ritmo que invita al público a imitarlas. Los varones simplemente son los acompañantes de la música; su rol es secundario, pero no menos vital por la música.

La piratería, una bendición


La mayoría de los grupos de huayño cumbia ha grabado uno, dos, tres y hasta más discos compactos. Productoras como Banana Records, Magia Records, JB Producciones, Gregory Récord, Viobel Producciones, entre muchas otras, no sólo graban la música sino que la distribuyen y realizan los videoclips.

Para los productores no es buen negocio grabar discos debido a la piratería musical que reina en el país, por lo que grupos de este singular género musical buscan y pagan para que les produzcan un CD.

Los directores de Las Sabrositas y Las Consentidas, Beimar Aguilar y Julián Rodríguez, respectivamente, dicen que la piratería es, por una lado, un perjuicio pues impide generar recursos por la venta de sus discos. Sin embargo, admiten que el acto ilegal a la vez es “una bendición”, ya que, por los discos piratas que se venden en las ciudades y el campo, la gente los conoce y requiere a las agrupaciones.

“La piratería nos perjudica, pero a la vez nos da fama porque la gente nos conoce y nos ve y escucha a través de los videos y discos piratas”, dice Evelyn Bello, la primera voz de Las Carilindas, otro grupo que ha conquistado con el peculiar ritmo el mercado nacional e internacional.

Al ser la piratería el mejor medio de promoción de los grupos populares, estos encargan la producción de su disco y videoclip en un reducido número.

“Sabemos que la piratería se encarga de difundir nuestra música. Únicamente nos preocupamos de actualizar el repertorio, hacer nuevas coreografías y actuar todos los fines de semana”, señala Beimar de Las Sabrositas, al contar que la agrupación ya tiene cuatro discos y una fama internacional envidiable.

Las redes sociales y páginas web son un complemento para promocionar su música. La mayoría de las agrupaciones no ha dudado en subir sus videos a YouTube. En tal escenario virtual muestran su música y su sensual baile en espacios populares como plazuelas, parques y algunos sitios turísticos como el Cristo de la Concordia en Cochabamba o el Guardatojo del Minero en Oruro.

Actúan como grandes grupos internacionales que han conquistado la preferencia de un público al que le gusta bailar temas dedicados al amor, al desamor, al trabajo, a la familia, a la vida, a la alegría, a las penas, entre otros. Es así que los temas éxito llevan títulos muy singulares como “Cáncer de amor”, “Dinerito”, “Lucharé por ti”, “Maldito cobarde”, “Llokalla bandido”, “Ámame si quieres”, “Pastorcita”, “Heridas del alma” y “A mi gatito”.

La mayor parte de las canciones que interpretan son recopilaciones, aunque muchos han comenzado a componer temas para diferenciarse del resto. Un ejemplo son Las Sabrositas, que en su cuarto volumen presentan ocho temas de composición propia de Beimar Aguilar. Camino a esa fama están Las Chismositas, que por las noche ensayan coreografías y cantan para mañana conquistar el mercado internacional, llevando en alto las polleras y las trenzas de la chola cochabambina.

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