sábado, 7 de abril de 2012

Confección de polleras para Cholitas Paceñas

Confección de ropa de cholita. El vaivén de las cortas y elegantes polleras de las cholitas chuquisaqueñas nos invitan a ver con detenimiento la confección de una de estas prendas, así nos decidimos a visitar a Martha Cuevas, ex estudiante del CEA Acción Social en Sucre y que después de un año y medio de preparación y capacitación en este Centro, logra lanzar y poner en marcha su emprendimiento de confección de ropa de cholita, ahora, cuenta con una máquina de coser, una plisadora, entregada por FAUTAPO como apoyo a los emprendimientos y todas las herramientas necesarias para satisfacer los pedidos de sus clientes.

En un kiosko ubicado en un particular mercado de Sucre, Martha y su joven esposo nos hacen una demostración del uso de la plisadora; que definitivamente abrevia los tiempos de confección, “a mano una falda se acaba hasta en dos o tres días, pero en la plisadora lo hacemos en un día”, afirma convencida; en realidad, lo tradicional es que ese plisado menudo y fino que uno logra distinguir de esta prenda típica, se hace manualmente, cada dobles, uno a uno, con una técnica heredada de las abuelas, con unas barras de acero que aseguran y fijan el plisado y unas planchas pesadas sobre la tela humedecida; pero ahora, ya ingresó al mercado –creación de artesanos chuquisaqueños- la máquina plisadora; aunque en el CEA Acción Social, también les enseñan esta técnica tradicional. Para la profesora Valentina Solamayo, la agilidad y habilidad con las manos es una cualidad imprescindible para los y las estudiantes. Algunos clientes exigentes, las prefieren hechas tradicionalmente, arguyen que el plisado es más duradero, dado que luego de cuatro o cinco lavadas, debe ser plisada nuevamente. En fin, lo cierto es que en estas prendas, la moda también se impone, y está definida por la combinación de colores en la indumentaria completa de las cholitas.

“Lo que más sale son las polleras, pero quiero hacer las blusas, pero no me alcanza el tiempo” Ahora Martha, a sus 25 años, casada y con un hijito; tiene la posibilidad de generar empleo a otras muchachas, por lo pronto cuenta con una trabajadora y con la ayuda de su esposo, sobre todo para el manejo de la máquina plisadora.

“La confección de cada pollera cuesta 250 bolivianos con tela más y unos 200 solo mano de obra cuando traen su tela, semanal saco siquiera mil [bolivianos]” nos informa orgullosa a tiempo de contarnos sobre sus metas y aspiraciones “yo quiero agarrar más trabajos, más polleras, hacer blusas, agarrar más chicas y quiero comprar más telas y llenar el kiosko que tengo aquí a lado”.

Al indagar si hubiese querido estudiar otra carrera, nos dijo que no. “Yo no estaba aquí, estaba trabajando en otros lados, en la Argentina estaba trabajando [en el campo] y por eso me he regresado y he intentando hacer mi emprendimiento propio” Así como a Martha, el fenómeno de la migración obliga a muchos jóvenes a dejar sus familias y someterse a espacios de altísimo riesgo. La deducción es lógica, el acceso a una capacitación técnica que los vincule directamente al ámbito laboral, y además con la oportunidad de un autoempleo a través de sus emprendimientos, es fundamental.

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