lunes, 20 de agosto de 2012

Cholita Paceña: Manta, pollera y sombrero símbolos de la modernidad

Entre junio y julio, los más importantes artesanos de La Paz lanzan al mercado los nuevos diseños y colores que vestirán a la elegante chola paceña.

Esta temporada se caracteriza por el retorno al estilo de la chola antigua. Hoy, vestir pollera, manta y sombrero es una tradición que se lleva con orgullo.

“La chola es distinguida, agraciada y glamorosa”, afirma Rosario Aguilar, una mujer de pollera y dueña de Promociones Aguilar que hace años organiza el tradicional desfile de la chola paceña, donde los diseñadores presentan sus novedades.

En el día del desfile, que también fue organizado por el gobierno municipal de La Paz, las cholas exhiben prendas de lujo.

Este año están de moda las polleras con bastas más delgadas y múltiples, blusas de cuello alto y encajes, como en tiempos antiguos. Las mantas de vicuña están hechas a mano con ayuda de un hueso especial en la confección, como se hacía en el pasado, y se cotizan fácilmente hasta en 10.000 bolivianos.

Una cantidad cada vez mayor de mujeres jóvenes opta por volver a sus raíces y usar pollera, una costumbre de sus abuelas que sus madres habían empezado a abandonar.

“La vestimenta de la chola es llamativa. Una persona de vestido teme usar colores brillosos y fuertes. Nosotras nos atrevemos a usar todos los colores, a combinarlos y nos quedan bien”, dice Liz Cuentas, una de las modelos de Promociones Aguilar. “Las mejores telas que llegan de China son para la mujer de pollera y lo mejor que hacen nuestros artesanos es para la mujer de pollera”, comenta Cintia Pacheco.

“Con la pollera me siento mejor”

La organizadora de los desfiles de cholas, lejos de emular la “cosificación” de los cuerpos femeninos occidentales, busca una reivindicación y la revalorización de una identidad. Apenas una o dos generaciones atrás, usar pollera aún podía llegar a ser un estigma tanto para quien la usaba como para su entorno.

“Mi mamá me cuenta que cuando ella era joven había discriminación, las cholas no subían a las movilidades y antes ni siquiera se podía entrar al centro de la ciudad; vivían alrededor de ella”, cuenta Sarah Chambi, quien viste de chola desde niña. Sólo en contadas ocasiones se ha quitado la pollera. “Alguna vez sí he usado vestido para darme el gusto de ver cómo se siente, pero me siento mucho mejor con la pollera. Te ves tan diferente con todos los colores y diseños”, dice.

Rosario Aguilar sólo se ponía pollera y sombrero en contadas ocasiones; usó vestido por muchos años, pero un buen día se levantó y dijo “se acabó, voy a ser como soy” y se vistió de chola, como también lo había hecho su madre durante toda su vida.

“Yo soy el hijo de una de pollera”

La voluntad de pelear contra la discriminación surgió en ella cuando su hermano Carlos entró a una universidad privada y se dio cuenta de cómo se sufría la discriminación. “Eso fue hace muchos años. En ese tiempo, en la universidad no se podía decir fácilmente ‘yo soy el hijo de una de pollera’. Las cholas siempre se hacían a un lado”, cuenta.

El hermano de Rosario se graduó de la universidad con excelencia y su madre, Mercedes Rodríguez, no podía perderse el acontecimiento de su examen de grado. Ni siquiera de acordó de la pollera que podía ser mal vista en la graduación de los profesionales de una universidad privada y, rozagante de alegría, se hizo presente en el acto.

“Fue la primera chola que asistió al examen de grado de su hijo”, recuerda.

El hijo menor de Mercedes se inscribió en la Academia Nacional de Policías. Rosario veía cómo las cholas esperaban a sus hijos en inmediaciones de la Academia, incluso el día de su graduación, para no avergonzarlos frente a sus compañeros. “Muchas madres nunca aparecían porque había ‘hijitos de papá’ que decían ‘éste es hijo de una chola, éste es un indio’”.

La madre de Rosario nunca fue una mujer sumisa. El día en que en la Academia castigaron injustamente a su hijo montó en cólera y fue a rescatar a su retoño, sin considerar siquiera la posibilidad de no ser tomada en serio a causa de su pollera. Dueña de sí misma, exigió que le traigan a su hijo y le entreguen todos sus efectos personales. “Estoy pagando mi plata para que lo eduquen, no para que me lo castiguen. ¡Devuélvanme todo!’ les dijo, extendió su aguayo y puso ahí los uniformes y las otras cosas de mi hermano y se lo llevó”.

Cholas cruceñas

Rosario Aguilar organiza los desfiles de cholas paceñas porque quiere hacer público el orgullo que siente por su identidad; no quiere que ninguna chola tenga que esconderse ni avergonzarse. Afirma que parte de la identidad de la mujer de pollera es su espíritu de lucha.

“La chola es emprendedora, es jefa del hogar. Es artesana, es comerciante, conoce su mercado, por eso su marido muchas veces pasa a segundo plano, se convierte en el chofer o en el chico de los mandados. Hay muchas cholas en Santa Cruz, que también están como están gracias a nuestras polleras. Las cholas traen mercadería de China, tienen hoteles, restaurantes. Santa Cruz es una clara muestra del trabajo y del aporte económico de la chola”, afirma.

Página Siete

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