viernes, 8 de marzo de 2013

Cholitas son protagonistas de la historia boliviana

La Paz, 8 de marzo.- Una prohibición municipal gatilló en 1935 el nacimiento de uno de los movimientos más emblemáticos en la historia de la lucha de las mujeres bolivianas por la reivindicación de sus derechos: el Sindicato de Culinarias. Conformada por trabajadoras asalariadas del hogar, la lucha de esta organización inspiró la creación de varios sindicatos de mujeres y condujo al resurgimiento de la Federación Obrera Femenina (FOF). Durante 20 años, "Las Culinarias" libraron un sinfín de batallas. La mayor, sin duda, fue en contra de la discriminación de la burguesía paceña de comienzos del siglo XX, que mantenía al campesino bajo prácticas de esclavitud.

Olvidadas por la historia oficial, rescato su historia, la que germinó nada menos que en los tranvías de La Paz, en los años 30.

Pero antes, comparto algunos titulares de la época del impreso La Calle, que ayudarán a tener una idea del contexto en el que se desenvolvía el trabajo de las “sirvientas”.

“Porque no hizo una sabrosa huarjata, recibió nutridos palos la cocinera”.
(10 de agosto de 1940).

“Una criatura es salvajemente flagelada por su patrona”.
(1 de junio de 1939).

“Entre otros sistemas de castigo, una cruel patrona aplicó el de la plancha caliente”.
(13 de julio de 1940).

Y como éstas, decenas de noticias dan cuenta sobre las vulneraciones a los derechos de las mujeres (mayormente migrantes del área rural) que trabajaban como “sirvientas” en las casas de la burguesía paceña. El libro Agitadoras de buen gusto (Ana Cecilia Wadsworth/Ineke Dibbits; 1989) –obra de la cual se sacan los datos del presente texto- recupera el testimonio de Exaltación Miranda: “La gente rica nos ultrajaba mucho a nosotras. Siempre nos trataban de india, de chola. Nosotras en esos tiempos no podíamos entrar ni al cine, porque decían que somos de pollera. Cuando una es joven, siempre tiene amigas; salíamos a pasear con amigas y nos acercábamos a una heladería a tomar un heladito y nos decían que no había servicio para nosotras”.

Entonces el único medio de transporte masivo urbano en La Paz era el tranvía. El vehículo estaba dividido en primera y segunda clase. Esta última estaba destinada al “populacho”, que no podía ingresar a primera clase.

“La primera clase era para las amas de casa, las señoras de vestido. La segunda clase era para la pollera: las cholas. Cuando iban juntas al mercado, la ama de casa iba en primera y la cocinera en segunda”, recordaba Tomasita.

Oxígeno

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