miércoles, 10 de abril de 2013

Cholitas cautivan cientos de Turistas

La llegada a La Paz fue dura. Otra vez de madrugada, pasadas las cinco, con fresco mañanero y sin hostal. Yaiza e Ivonne se fueron al hotel donde estaban alojados Javier y Luismi, que iban a pasar un par de días con nosotros. Alberto y yo intentamos en primer lugar ir al sitio que nos había recomendado Víctor en una pequeña libreta que nos dio antes de salir de España. El hostal se llamaba El Carretero, y tenía fama por su buen ambiente. La verdad es que para haber estado un año por Sudamérica, las notas de Víctor no fueron de gran ayuda… pero intentamos tirar de ellas cada vez que podíamos. En más de una ocasión pensamos en quemar la libreta, que no nos avisaba de cosas importantes que hubiera estado bien saber de antemano y sí de chorradas y cosas baladíes. La verdad es que nosotros tampoco fuimos capaces de comprar un libro en Buenos Aires que Víctor nos encargó, pero es que para cuatro días que estuvimos no íbamos a gastar tanto tiempo en enviarle el libro por correo… Se alegrará al saber que por lo menos nos sentimos un poco mal por ello.

No hubo sitio en El Carretero, debía de ser bueno porque estaba completo, así que nos tocó buscarnos otro, que tampoco estaba mal, salvo por el inconveniente de la ducha. Le di la paliza al de recepción con que el agua salía fría, incluso me dejó ducharme en otra habitación. No hubo manera. El agua no iba a salir más caliente, así que nos tocó apretar los dientes y para adelante. Sólo nos quedamos una noche en ese hostal, cerca había otro internacional y nos mudamos a él. Para algo nos habíamos sacado el carnet de ‘hostel internacional’. Esa misma mañana decidimos dar una vuelta por la ciudad, a pesar del reventón que llevábamos encima. Cuando llegas a La Paz, te das cuenta enseguida que estás en una ciudad importante, aunque sólo sea por su fisonomía. El núcleo urbano está asentado entre montañas, cuyas laderas están llenas de casas y de barrios pobres que se iluminan por las noches, causando un efecto muy chulo. Se trata de la capital más alta del mundo, aunque en realidad luego descubriríamos que la capital constitucional de Bolivia es Sucre, y no La Paz, como todo el mundo cree. Es una ciudad en la que cuando no estás subiendo, estás bajando, y el oxígeno llega a cuenta gotas, así que hay que tomárselo con mucha calma e ir regulando esfuerzos como hacen los ciclistas en el Tour de Francia.

Canelones con Paraguay

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