lunes, 10 de abril de 2017

Cholitas arriban a San Francisco

Como cierta vez que un amigo llamado Raúl contó mil pesos que le habían pagado por trabajar en la mina, mil mujeres y hombres al menos, contando, llegaron desde las faldas de su montaña para oponerse a la mina; mina que deforesta sus valles, contamina sus ríos y amenaza su forma de vida.

Peregrinos y peregrinas; desde las horas que al amanecer le preceden, marcharon rumbo a la iglesia, para concentrarse y gritar: ¡Respeten al Illimani! ¡Respeten al Mururata!.

Desde el gran centro de una ciudad que no cree en la vida de las montañas, pagaron con frutos, hierba sagrada y alcohol, precisamente a sus dos montañas.

He logrado observar alguno de sus rostros...¡casera de zanahorias!. Yo la vi en el mercado Rodríguez; junto a sus niños; junto a sus amigas de infancia y de pueblo. Vendían zanahorias y flores. Llegaron en un viejo camión, saltaron de él y allí se durmieron, a la intemperie. Vendieron para el pasaje de vuelta y para colores del niño menor, que estaba ingresando a la escuela recién, en Quilihuaya. Así viven, luchando contra la vida y la mina.

"Illa", de elemento sagrado, y "Umani", de fuente de agua, según dijeron allí, significaría Illimani, parece ser femenino. O en lugar de Umani, Mamani, que vendría a ser protector.

Y así terminó aquella tarde, que no fue otra cosa que ésta, donde llevaron a cabo, los hombres y las mujeres de la montaña, el Cabildo en Defensa del Illimani.

Fuente: Satori Gigie


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