jueves, 10 de agosto de 2017

Cholitas escaladoras se convierten en guías de montaña

Si los picos nevados hablaran, seguro contarían mil historias de las proezas de las mujeres bolivianas de las montañas. Domitila Alaña Llusco, una madre nativa del cantón de Zongo, a 76 kilómetros de La Paz, y que ahora vive en las faldas del Huayna Potosí, es una de las cholitas escaladoras que cada día se levanta muy temprano para ayudar a alistarse a sus hijas menores para que vayan a la escuela.

Es madre de Jhenny de 16 años y Karen de siete. Los mayores, ya adultos, son Alicia de 26 y los mellizos Lilian y Soldier de 23 y tiene tres nietos.

Desde muy joven le hizo frente a la vida con mucho sacrificio, muy propio de la mujer de pollera que trabaja con esfuerzo cada día. Hoy, Domitila y su pareja Adrián Vargas, guía de montaña, llevan a los turistas a explorar el Huayna Potosí. Junto a él ha construido una vida desde hace 12 años y trabajan en equipo.

Domitila prepara el almuerzo y la cena en el refugio Vista Panorámica Huayna Potosí para los extranjeros que visitan el país. En ese lugar, a una hora de El Alto, conocido entre los montañistas como "campo base”, la majestuosidad de los nevados en las altas tierras andinas sorprende a propios y extraños.

Esta guía de las montaña no concluyó la escuela, sin embargo aprendió y le sobra experiencia en trabajo de campo en las montañas de más 6.000 metros de altitud.

Ahora, más dedicada a hacer la comida del día a día tanto para su familia como para los turistas, ama escalar los picos nevados a temperaturas crudamente frías bajo cero, que para ella son parte de su naturaleza y de su hábitat.

"Cocino sopita de verduras, de quinua, chairo, lagua de choclo y de segundo aprendí a preparar espagueti para la gente de afuera” relata Domi, como la llaman sus más cercanos.

De mayo a agosto es temporada alta, cuenta Domitila, y es cuando "el hielo es duro y es fácil de caminar”. Reciben entre cinco y seis turistas por día y de 10 a 15 en los días muy buenos. "He sido guía de montaña más de 20 años”, dice, por lo que conoce la zona como la palma de su mano.

Sus padres son agricultores y viven al otro extremo, en su chacra criando a sus vacas, ovejas y llamas en el pueblo Chucura, provincia Pedro Domingo Murillo. Allí el desarrollo no ha llegado: no hay agua potable ni luz y para llegar se tiene que seguir el Camino del Inca, caminando por hasta cinco horas.

Aprovechando el Día de la Madre, su esposo Adrián saluda a las mamás bolivianas: "Muchas felicidades por el Día de Madre a todas las mujeres de Bolivia. Que la Domi siga cariñosa con sus hijos, porque yo la quiero a ella”.

SUS SUEÑOS Y MENSAJE

Esta boliviana, con muchos sueños y esperanzas, fue a Cochabamba junto a las cholitas escaladoras para participar en una jornada motivacional para la mujer en abril pasado.

Allí contó su historia, por momentos con lágrimas en los ojos: "Fui madre soltera y la vida fue muy difícil para mí. Comencé a escalar para ganarme la vida, llevando a los turistas a las montañas.

Cada vez que alquilaba los equipos tenía que pagar entre 300 y 500 bolivianos porque no tengo mi propio equipo. Los extranjeros siempre me prometían regalarme uno, pero nunca pasó”.

El nevado del Huayna Potosí es su hogar y guarida. Y es que a esta madre de las montañas le gusta lo que hace y es firme cuando sostiene que el machismo en el país debe superarse. El rol de las mujeres y de las madres es fundamental en la sociedad actual, y más aún en el país donde la fuerza de trabajo viene justamente de ellas, pues por naturaleza son luchadoras, comprometidas y querendonas de su tierra y tradiciones.

"En una de mis escaladas casi pierdo una de mis botas en el precipicio porque me quedaba muy grande. Mi pie es pequeño y por eso no puedo encontrar zapatos especiales para subir a la montaña”, cuenta Domi.

MADRES Y MOTIVADORAS

Las cholitas escaladoras han conquistado macizos como el Illimani, Huayna Potosí, Acotango, Parinacota y Pomarapi; el total de metros escalados suma 30.571. Pero además de montañistas, cumplen una rol como madres de familia y agentes de cambio motivando a las personas.

El pasado 8 de abril fueron parte del panel de expositores en la charla coloquial Cómo llegar a lo alto, como parte de la jornada motivacional para la mujer, que organizó ACHcom, Coaching de Impacto para cambiar actitudes y motivar a las personas.

Lidia Huayllas, coordinadora de las cholitas escaladoras, afirmó que fue emocionante compartir experiencias con otras mujeres que quieren llegar a la cima de sus metas y sueños. Ella tiene dos hijas, Suibel y Karla González, de 33 y 26 años respectivamente, y cuatro nietos.

"La motivación significa darles fuerza moralmente a aquellas compañeras que están atravesando momentos muy difíciles, ya sea en el hogar, en el trabajo, en problemas legales. Tal vez el esfuerzo que nosotras hemos realizado es muy sacrificado y peligroso, pero no inalcanzable porque querer es poder y nosotras queremos contagiar esas energías positivas para salir adelante”, dice Lidia.

Es esposa de Eulalio Gonzales, guía de montaña, y ambos, junto a 16 cholitas, han escalado y soportado temperaturas de 20 grados bajo cero en invierno. Sus proezas captaron la atención de la prensa mundial. Se realizaron documentales en YouTube y en canales de televisión de China, Estados Unidos y varios países de Europa.

En Argentina, el diario El Clarín les dedicó un video. "Estas mujeres han decidido alejarse del rol que les corresponde como madres en la Bolivia rural y decidieron calzarse las botas y equipo de montaña para escalar el Huayna Potosí, una de las montañas más altas de la cordillera de los Andes”, dice el relato.

"Hace dos años, Lidia Huayllas y otras 10 mujeres indígenas aymaras, de entre 42 y 50 años, han empezado a trabajar como porteadoras y cocineras para montañeros, colocándose sus crampones -esos picos fijados a una bota de escalada- bajo sus anchas faldas tradicionales.

Ahora ellas también son escaladoras”, escribió el Huffington Post.

Cecilia Llusco también es parte del grupo de cholitas escaladoras y cuenta que su próximo objetivo es poder escalar el Aconcagua, ubicado en la provincia de Mendoza, en Argentina, la cumbre más alta de América con 6.962 metros sobre el nivel del mar. Pero para cumplir esa meta necesitan apoyo económico de las autoridades.

En los planes de este grupo está la construcción de palestras artificiales que simulen una montaña para que las personas experimenten la sensación de estar en las alturas.

En las jornadas para la mujer, estas cholitas aprendieron temáticas de desarrollo personal y motivación a través de técnicas de bienestar para renovarse y reinventarse.

"Vamos a aplicar lo que aprendimos en la clase de yoga y al mirarnos al espejo cada día elevaremos nuestra autoestima y vamos a transmitir a nuestras hijas también”, dice Cecilia. Y Domi indicó que se fue de Cochabamba muy feliz a continuar con sus labores en la montaña, después de participar en las dinámicas individuales y grupales, bailar, compartir experiencias y su experiencia de vida con otras participantes.

Un referente del turismo

Las cholitas escaladoras se han convertido en un acontecimiento que resalta el turismo en Bolivia, porque además de llevar a los visitantes por sendas y caminos hacia paisajes místicos y andinos únicos, que sólo ellas y sus esposos conocen, proyectan una imagen positiva del montañismo del país hacia el mundo.

Por ello, dice Domitila, merecen ser apoyadas por las instituciones gubernamentales como el Ministerio de Culturas y Turismo y otras empresas nacionales que podrían financiar sus equipos de escalar, ya que no cuentan con propios. La mayoría de las cholitas empezaron esta indescriptible experiencia acompañando a sus esposos guías de montaña.

La Asociación Andina de Promotores de Turismo en Aventura y Montaña, de la que ellas son parte, hizo llegar varias notas formales a las instituciones del Gobierno y empresas pidiendo ayuda económica para conquistar más montañas, cada vez con mayor exigencia y altura, pero no recibieron respuesta.

Hace falta diseñar nuevas políticas que incrementen el turismo interno, potenciar la marca país fuera de nuestras fronteras y fomentar la labor de estas mujeres, de sus esposos y de los promotores del turismo de aventura capacitándolos y, sobre todo, consolidando alianzas estratégicas.

Página Siete

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